JuanesJuanes, Bosé, Silvio Rodríguez, la Filarmónica de Nueva York y hasta Plácido Domingo se presentarán en La Habana para pedir el fin del embargo. Reacciones en contra. La música rompe el bloqueo de la cerrazón bilateral. No es nuevo: en el mundo sobran precedentes de ello y también en este país la escena, la plástica y los libros suelen ocupar espacios críticos y frescos que escapan al corsé de la ortodoxia ideológica. Pero es hoy cuando Cuba vive la conjunción astral adecuada y alberga los planes necesarios para convertir el arte en avanzada y acelerador de un giro en las relaciones con Estados Unidos.
La predisposición en la dirigencia parece lo bastante propicia, pero en la sociedad de la isla resulta inmejorable. Hay hambre de cosas buenas. El cubano necesita darse una buena alegría; un meneo en el ánimo que le sacuda las penas por la crisis y el marasmo por la larga espera de cambios. Un subidón que lo eleve por encima de las miserias de la eterna pelea con el enemigo y lo reúna espiritualmente con el hermano que prefirió irse.
El cantante colombiano Juanes, acompañado por Bosé, Rodríguez, los Van-Van y seguramente Víctor Manuel, entre otros, está a punto de dar esa alegría al cubano. Será el domingo 20 de septiembre ante las 600.000 personas que caben en la Plaza de la Revolución; donde, hace 11 años y medio, Juan Pablo II pidió «que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba».
El Concierto por la Paz lo ideó Juanes tras promover y coprotagonizar uno similar en la frontera entre Colombia y Venezuela, con gran éxito, el año pasado. El de Cuba lo planificó con Silvio y con el trovador y productor cubano para este acto, Amaury Pérez, durante la sorpresiva visita que el cantante de «La camisa negra» hizo a la isla en junio.
Cuando el concierto se anunció el 5 de agosto en la prensa oficial, la noticia causó sensación entre los jóvenes cubanos. Pero también desató un huracán de furia en el sector más recalcitrante de Miami. Un grupo llamado Vigilia Mambisa organizó una quema de camisas negras y destrucción de discos de Juanes, a quien sin derrochar imaginación acusó de «ponerse la camisa roja» y de ser «amigo de los asesinos Castro».
Algunos artistas convocados al concierto se descolgaron, si bien la lista completa de invitados no se hizo pública ni es aún definitiva. En todo caso, Juanes, ganador de cinco de cinco Grammy latinos, se granjeó el respaldo y el respeto de casi todos sus colegas cuando subrayó que su mensaje era «de paz y tolerancia»; que no iba a tocar para el régimen sino a «interactuar con el pueblo» sin hacer cuentas del pasado «porque esto es el presente».
Mientras Gloria Stefan y Willy Chirino dijeron comprender a Juanes pero aclararon que no actuarían en la Cuba de Castro, Plácido Domingo ofreció un impagable espaldarazo al colombiano al apoyar su «valiente decisión» y asegurar que para él «sería una inmensa alegría» cantar en la isla.
Juan Formell, líder de la gran orquesta de salsa Van-Van, consideró que «un concierto por la paz y sin ideología es bueno; contribuye a aliviar tensiones» con EE.UU. y a facilitar los intercambios culturales. Unos intercambios aún complicados y a veces imposibles. «A nosotros no nos dejan tocar en Miami y aquí tampoco dejan tocar a los artistas que se han ido», dijo Formell.
A finales de julio visitaron Cuba, en misión «investigadora», los actores de Hollywood Bill Murray, Robert Duval, James Caan y Benicio de Toro, quien recibió un premio de la autoridad cultural. Hacía poco que Washington había autorizado el concierto que la Filarmónica de Nueva York ofrecerá en octubre en el Amadeo Roldán de La Habana.
Los primeros de agosto, la rapera neoyorquina Lumidee grabó un vídeo en La Habana, otro hecho bastante insólito en los más de cuatro decenios que dura el embargo. Y hubo más. El día 7, doce actores cubanos protagonizaron junto a estudiantes y colegas estadounidenses, en la Universidad de Alabama, la versión en español del Sueño de una noche de Verano, de Shakespeare.
Fuente: Clarin.com