A los 36 años debutó en Mundiales cuando faltaban diez minutos para el final del partido ante Grecia. Y casi sobre el cierre anotó un gol con su pierna menos hábil. Un gol que cerró el partido ante Grecia y desató un festejo que todavía perdura.

Siete cambios introdujo Maradona respecto del equipo que le goleó a Corea. Pero la gran emoción de la fría noche de Polokwane no la aportó ninguno de los siete. Fue el ingreso de otro hombre, el goleador eterno, el que parecía resignado a ser tercera alternativa, el que cerró el partido. Martín Palermo no se olvidará nunca de este 22 de junio en el que, con 36 años, se anotó en la historia argentina en los Mundiales.

La primera emoción para él habrá llegado a diez del final, cuando Diego dispuso su ingreso por Diego Milito. Palermo no fue titular porque Maradona eligió a Messi, Tevez e Higuaín. Y cuando decidió cambiar, optó por Agüero y Milito. Muchos habrán sentido que su entrada era un reconocimiento para quien le había dado a la Argentina un gol decisivo en las Eliminatorias. Muchos, pero no Martín. Palermo fue a cada bola con su convicción envidiable, y a poco de entrar tuvo una chance. Su remate de zurda, algo tosco, se fue desviado. Tendría revancha.

Faltaban dos minutos y el partido ya se había destrabado gracia a una entrada de Demichelis . Messi, ya sin el agobio de la marca personal de los primeros 85 minutos, armó una jugada colosal y su remate encontró las manos del arquero. Palermo, parado en el lugar exacto al que decidió ir el rebote, la empalmó de derecha -sí, de derecha- y desató un festejo emocionante. Su cara de asombro y de felicidad en la misma expresión lo decía todo.

Una montaña de abrazos sepultó al goleador de Boca. Casi todos sus compañeros comprendieron rápido que estaban viviendo un momento irrepetible. Y quienes imaginaron la biografía del nueve (aquí, el 18) como una vida de película, deberán añadirle otro episodio, sin tener la certeza de que será el último. ¿Quién lo sabe? Si con este goleador empedernido todo es posible. El abrazo final con su técnico es un  símbolo perfecto. Argentina tiene mística, tiene historia y la vuelca en la cancha.  Como para no ilusionarse.

Fuente: Mision Mundial | Clarin