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El salsero enloqueció a los chilenos.

Lo del pasado lunes 2 de junio en Santiago no sólo fue un recital exitoso. Fue también la consagración del mayor fenómeno que ofreció la cartelera chilena de música en vivo durante el primer semestre de 2008.

Ese día, Marc Anthony juntó a 12.000 fanáticos en el Arena Santiago, suceso que también se repitió el 3 y 4 del mismo mes, capitalizando un total de 35 mil personas en las tres presentaciones que tuvo en la capital chilena. Un éxito pionero en la casi nula tradición salsera del país austral: nunca antes un artista ligado a ese género había realizado ahí un concierto tan masivo.

Con escasa presencia en las radioemisoras y en las tiendas de discos, la salsa en Chile siempre fue patrimonio del restringido circuito de discotecas y academias de baile. Nunca de los espectáculos multitudinarios. Eso hasta que llegó el esposo de Jennifer López.

En menos de un mes agotó sus tres recitales en uno de los más importantes recintos de Santiago, gracias al atractivo que generó en el público su mezcla entre salsero pop y estrella hollywoodense. Además, su hito se vio empujado por las cada vez más crecientes comunidades peruanas, ecuatorianas y colombianas presentes en el país, que asistieron en gran número a los conciertos del artista.

A las 21:35 horas , el chillido de la multitud reunida en el lugar alcanzaba decibeles dañinos. Como un Dios todopoderoso que emerge entre sus fieles, el neoyorquino apareció desde lo más alto de una escalinata levantada en el centro del escenario, flanqueado por su tropa de 12 músicos y tres coristas. Con sus lentes oscuros, su elegante traje gris y su camisa blanca casi abierta, su estampa de galán latino apareció proyectada en las tres pantallas que dominaban la escenografía. Ahí simplemente el estallido se salió de control.

"Valió la pena" fue el primer bocado. Luego vinieron "Y hubo alguien", "Volando entre tus brazos" y "Vivir lo nuestro", todas coreadas de principio a fin por el público. Muchas parejas saltaron a bailar a los pasillos del lugar, reduciendo las dimensiones del Arena Santiago a las de una simple salsoteca. Pero el cantante no sólo convenció con un histrionismo escénico ideado para las masas, con gestos de amor sufriente y continuas alabanzas a un país que nunca antes estuvo en su agenda.

Para los salseros de la vieja guardia, sus composiciones fueron todo un lujo. En "Hasta ayer" y la balada "Ahora quién", su orquesta –la otra mitad de su espectáculo– simplemente se lució. Con largo pasajes instrumentales centrados en su virtuoso pianista, lejos lo más destacado de su banda, Anthony también demostró que su obra está dotada de una compleja artesanía musical que bebe del latin jazz y de la mejor tradición salsera expandida por sus maestros de la generación Fania.

A tanto llegó el entusiasmo que, cuando desenfundó su tropical versión de "Hasta que te conocí" de Juan Gabriel, una fan le arrojó una bandera argentina desde el público. Anthony la tomó, la besó al cielo y la arrimó a su micrófono, sin advertir el grueso error geográfico de su jugada. Las pifias arreciaron como huracán. En segundos, otro grupo le hizo llegar una bandera chilena. Ahí el neoyorquino enmendó su falta y realizó el mismo rito con el emblema patrio local. Aplausos rendidos para el gesto.

Porque el público chileno le perdonó y le vitoreó todo. Doce canciones y una hora y media de show que convirtieron su paso por Santiago en la postal más vibrante e inolvidable de lo que va del año musical chileno.

Claudio Vergara, Santiago, Chile

Marc Anthony se adueña de la fiesta en Chile