Para ponerlo en términos juveniles, la inauguración de la XVIII Cumbre Iberoamericana marchaba terriblemente aburrida, matizada por los aplausos hacia los personajes más populares hasta las 7:50 p. m., el rey de España, el presidente Saca y la presidenta chilena, Michelle Bachelet. Todo marchaba así hasta que apareció Alejandro Fernández.

El cantante mexicano fue el punto estrella de la inauguración de ayer. No solo por cantar una de las canciones más emblemáticas de la cultura nacional, “El Carbonero” de Pancho Lara, que, dicho sea de paso, olvidó por algunos segundos, sino porque fue lo más interesante para los 3,000 jóvenes que llegaron al Anfiteatro del Centro Internacional de Ferias y Convenciones. Pero eso fue a las 7:50 de la noche. Antes hubo discursos presidenciales.

El desfile de mandatarios y jefes de Estado fue encabezado por el embajador de Cuba en Brasil. Luego siguió el representante de Venezuela, el de Ecuador, el de Argentina. El primer presidente en entrar al amplio escenario dispuesto en el anfiteatro para la inauguración fue el de Paraguay, Fernando Lugo. Eran las 6:32 p. m. y hubo aplausos para todos, pero especialmente para el rey español Juan Carlos, la presidenta Bachelet y para Saca. La mayor parte del anfiteatro estaba llena con estudiantes de secundaria. Esos tres fueron los rostros más conocidos. Los cancilleres y embajadores no resultaron tan populares.

La inauguración estaba pautada para las 6:00 p. m. No empezó a tiempo. Sesenta minutos antes, el anfiteatro estaba a la mitad con estudiantes que portaban camisetas azules y blancas. Eran jóvenes de 19 colegios privados, 3,440 según los organizadores.

El resto del auditorio lo completaban funcionarios salvadoreños, embajadores, cancilleres y el resto de las delegaciones. La etapa de discursos la inició Enrique Iglesias, secretario iberoamericano. La sintonía de las intervenciones fue parecida: discursos que arrancaban con la temática de la cumbre, la juventud y desarrollo, pero que enrumbaban al poco hacia las posibles soluciones de la crisis económica mundial. Así siguió el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon; la presidenta Bachelet y el presidente Saca: Compromiso con la juventud, revisión del modelo capitalista, soluciones ante la crisis.

Los discursos terminaron y hubo momento para un espacio artístico. Tocó la Orquesta Sinfónica Juvenil. Aplausos, esta vez menos tímidos. Dieron las 7:50 p. m. Salió Fernández y entonces el anfiteatro colapsó con gritos e histeria juvenil. Cantó dos canciones, “El Carbonero” y “Granada”, y se ganó al auditorio que lo había estado esperando solo a él. Tuvo tiempo para un poco más. Dio la mano a varios presidentes, sonrojó a Saca cuando le agradeció la invitación a la cumbre, dio un breve discurso y rompió el protocolo al bajarse del escenario para ir a saludar a varias primeras damas. Abrazó a la reina Sofía de España. El acto, luego de hora y media, terminó con cinco jóvenes cantando la canción de la cumbre. Los jóvenes en el anfiteatro la cantaron de buena gana. Les habían dado dos horas antes una hoja con la letra completa.

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