Ricardo Montaner

Ricardo Montaner

Una puesta en escena espectacular presentó en sus shows en el estadio Luna Park el cantautor argentino venezolano, Ricardo Montaner, que llenó de romanticismo el invierno porteño.

Fue tal el éxito del artista nacido en Buenos Aires y nacionalizado venezolano, que debió agregar una novena presentación en el estadio de Corrientes y Bouchard, que se realizará el sábado 22 de agosto.

Lo cierto es que el show es cuidadosamente presentado. En una pantalla gigante se suceden imágenes de guerras y sufrimiento humano, mientras las voces de Juanes, Juan Luis Guerra y Alejandro Sanz, acompañan a Montaner en la interpretación de «Yo Canto», tema en el que alaba a Dios, la juventud y la paz.

Cuando desaparecen las imágenes, casi sin transición, Montanar, acompañado de cinco coristas y siete músicos, arranca con «Volver», canción que cosechó un gran éxito como tema principal de la novela «Valientes». Más tarde llega «Las cosas son como son», del último disco.

Y luego una sucesión de hits tales como «Tan enamorados», «Castillo azul», «Déjame llorar», «La cima del cielo», «Bésame» y muchas otras de su enorme repertorio plagado de éxitos repetidos por las radios desde los años 80.

Todo esto matizado con chispeantes diálogos con el público. Arengando a las parejas para que cada vez se abracen más fuertes, instando a los novios peleados para que se reconcilien o, simplemente, para que se tomen de la mano aunque al lado tengan a una persona desconocida.

Tras la parte romántica, Montaner y su grupo arremeten con canciones movidas donde «Cachita» consigue hacer bailar a la multitud ya absolutamente desinhibida. La onda familiar se produce cuando suben al escenario sus hijos Ricky y Mau, quienes desarrollan un entretenido juego que simula que los jóvenes «le roba» el público a su padre.

Un momento singular se produce cuando la más pequeña hija de Montaner, Eva Luna, de apenas 12 años, canta el tema «Only Hope», consiguiendo una cerrada ovación debido a su magnífica interpretación.

El show continúa con una catarata de éxitos y aunque ya transcurrieron más de dos horas de espectáculo, el público no quiere moverse, quiere más y Montaner accede una y otra vez hasta que, finalmente, se retira al descanso para continuar al día siguiente.