El apoyo de los fanáticos “albicelestes” volvió a ser determinante. El Parque Roca fue una verdadera fiesta durante toda la serie ante Rusia y ADN Mundo le cuenta como se vivió la jornada decisiva. Ya palpita la finalísima con España. Por Nicolás Deniz.

Copa Davis: Argentina y el amor incondicional de su gente



Una mañana fría para esta época del año agobiaba a todo Buenos Aires. Las nubes formaban una cortina impenetrable para los rayos solares que luchaban minuto a minuto por asomarse en el estadio de Parque Roca, que hizo de escenario para lo que a la postre sería uno de los momentos más importantes de la historia del tenis argentino.

Con la serie 2-1 a favor de los locales, Nalbandian y Davydenko salieron a la cancha para disputar el cuarto punto, mientras la gente hacía largas filas en la entrada con el viento como acompañante inesperado. En ese momento, las camperas impermeables cotizaban muy alto para aquellos que se olvidaron de llevarlas. ¡Más rápido!, pedían los encargados de la organización para agilizar los ingresos.

El ya famosísimo “Vamos vamos Argentina” empezó a retumbar en todos los sectores del estadio antes del mediodía porteño, cuando “Nalbi” tomó ventaja en el set inicial sobre el europeo. Aquellas nubes grises se fueron convirtiendo en negras, igual de oscuras que la continuidad del encuentro para el cordobés, que perdió su primer partido de singles jugando en casa.

Los aficionados argentinos volvieron a recurrir a todo su repertorio de canciones, más ligado con lo futbolístico, para levantar a su estrella. Pero Davydenko jugó uno de sus mejores partidos en el año para sepultar bajo el polvo de ladrillo el interminable “soy argentino, es un sentimiento…” y mandar la semifinal al decisivo quinto juego, tirándole toda la presión a ese pibe argentino de 19 años: Juan Martín del Potro.

Luego de algún refrigerio en el costoso Patio de Comidas, el “Olé olé Delpo, Delpo” sonó desde los cuatro costados apenas ingresó a la cancha “La Torre de Tandil”. Los espectadores tenían en claro del papel fundamental que tendrían en el duelo con Igor Andreev. Mientras tanto, el sol seguía luchando por mostrar su poderío, en lo que ya era una lucha desigual a favor de las nubes.

Y si de lucha desigual se trata, la localía para los capitaneados por Alberto Mancini se ha convertido para sus rivales en un verdadero fortín, en el cual su última derrota fue hace diez años ante Eslovaquia (2-3) en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Pasaron 13 series con festejos, incluso por el interior del país (Córdoba y Mendoza), en los cuales el gran nivel de “La Legión” y el tremendo apoyo de los hinchas hicieron de su relación una simbiosis indestructible.

Muchas veces bordeando la falta de respeto, los silbidos y los “noooo” cada vez que el ruso fallaba un saque, se hicieron moneda corriente. Los redolantes y los bombos sonaban cada vez más fuerte por el extraordinario partido de Del Potro, que en ningún momento se mostró vulnerable a pesar de su escasa experiencia en la Davis; al contrario, jugó toda la semifinal como un veterano que se pone el equipo al hombro cuando la cosa viene complicada.

El sol ya había sido derrotado por una tenue llovizna que hizo aparecer de los paraguas. Las camperas impermeables ya valían como un mate a las cuatro de la tarde para acompañar la jornada tenística. Sin embargo, las finas gotas no apagaron el fuego de la gente. “Esa lluvia de m… no quiere parar, son los rusos que no paran de llorar”, rugían las voces de las 14.000 almas que coparon el Parque Roca.

Del Potro continuó con su exhibición ante un indefenso Andreev, que pareció entregado a mediados del tercer set. A esa altura todo era una fiesta. Los demás jugadores argentinos cantaban en el banco, las banderas flameaban cada vez con mayor intensidad y otra vez el “vamos vamos Argentina” hizo temblar el estadio. La alegría final estaba a punto de desatarse, ya con España esperando en la final.

Finalmente ganó Del Potro, tal como lo hizo el sol, en una resurrección inesperada, con esas malditas nubes, que parecieron asustarse ante tanto aliento en el cierre de esta jornada histórica porque el combinado “albiceleste” había logrado llegar su tercera final de la Copa Davis. Los hinchas se fueron felices pero antes dedicaron algunos cantitos al que a partir de ayer es enemigo público número uno: Rafael Nadal.

Entre el 21 y 23 de noviembre, con sede todavía por definir, Argentina tendrá por primera vez la posibilidad de definir en casa el título de la “Ensaladera de Plata”. A dos meses, la expectativa ya es gigante. Y por aquellos días volverá, sin dudas, a tener el masivo apoyo de su gente. El que casi con seguridad no estará presente será el sol, porque "Luli" Mancini y sus muchachos recibirían a los ibéricos en una carpeta indoor.

 

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